En mi familia, ir a Santiago, es un desagrado; desde que tengo memoria he escuchado lo anímicamente pesado que resulta ir a Santiago. Al principio no lo entendía, para mi era toda una aventura hacer ese viaje, era casi como ir a otro país, con edificios tan grandes y con vidrios tan grandes y con luces tan distintas a las que había conocido y con personas tan distintas a las que había conocido. Pero lo que yo no sabía era que cuando yo iba a Santiago lo hacía para ver películas en el cine o algo que se le pareciera, no vivía el vértigo de caminar por Ahumada.
Cuando fui creciendo, me fui dando cuanta de cómo la geografía de mi pueblo iba cambiando, donde había una plantación de trigo hoy se construyeron poblaciones, donde antes hubo almendros hoy hay una autopista y otras poblaciones, en el lugar donde vivían los abuelos de mi mamá ahora hay una fábrica. Y lo más terrible de esto, es que todavía es absolutamente desagradable ir a Santiago.
Es triste, porque si bien somos conscientes de lo que pasó, de lo que pasa y de lo que pasaría, no hemos sido capaces de anticiparnos y de remediar aquello que sabemos que sucederá. Una vez Noel Gallagher dijo algo así como "yo no me uno a ninguna causa especial, no me interesa Greenpeace ni nada, creo que si cada uno cuida de uno mismo y de su familia, el mundo sería un lugar mejor"; lamentablemente siento que esto no es suficiente.
Vivimos en un mundo apurado, sucio y bullicioso, del que a nuestros padres les contaron, ahora la pregunta es, ya que tenemos herramientas ¿podremos hacer lo que nos corresponde?.
Claudia Álvarez P.

No hay comentarios:
Publicar un comentario